I'm Live!
Watch Now

“Lo que hace falta es querer de veras que se realice la Bienal”

[ad_1]

Vladimir no se inmuta. No se turba. O eso aparenta. Lo que pasa es que tiene “un truco”, permiso para decirlo tan llanamente: lo que pueda espantarlo, el artista se hace cargo y lo saca todo de adentro dibujando y pintando, pinta y pinta a un alto nivel (lo que molesta, lo que apesta, lo que mata, lo que hiede, lo que enfurece, lo que asusta y da pesadillas…). Lo que pudiera quedarle, probablemente se desvanece al caminar cotidianamente entre el verde espeso del parque Mirador del Sur, cercano a su casa que es también su taller.

¿Cotidianamente? Rectifiquemos, eso fue hasta la llegada del covid-19, la “pandemia”, meses atrás. Ahora utiliza la azotea de su edificio y de alguna manera logra su vaciado y liberación, para luego seguir transformando lienzos en blanco, o llenando la página en blanco como ha hecho en esta etapa, incursionando en la escritura de cuentos, un viejo anhelo. Además, para él, cosa no siempre posible ni frecuente en estos tiempos (aunque se pregone), su familia es su orden, su equilibrio, su recarga y su refugio, oasis con palmitas de sombra, agua para abrevar y refrescarse y los más dulces dátiles.

Dibujante y pintor dominicano, Vladimir Velázquez recibió el primer premio de la XVII Bienal Nacional de Artes Visuales en 1990, en la categoría de Dibujo, y el premio del Público en el Concurso de Arte Eduardo León Jimenes 2008. Formalmente se desempeña como asesor de artes plásticas en el Banco Central de la República Dominicana. En este diálogo abierto nos cuenta cómo ha afrontado el año recién pasado y cómo ve lo que sigue luego de este año 2020 de pandemia con un planeta sometido a la degradación en sus recursos naturales. Reflexiona sobre el arte y su lugar en medio de la sociedad enferma, sobre su propio quehacer y ser artístico; acomete críticamente escenarios como el mercado del arte en el país, la largamente preterida Bienal de Artes Visuales, la relación con Haití desde el territorio dominicano. Sin faltar que cincela en mármol los valores humanos elementales para la preservación de la vida sobre el planeta Tierra, la vida buena aderezada de las grandes obras de la literatura, el cine, la música y, naturalmente, del arte.

Pregunta: “El arte guarda un profundo silencio, parece no tener nada que decir”, dijo la artista colombiana Marianela de la Toba en video difundido por las redes sociales. ¿Dónde y cómo cabe el arte visual en estos tiempos? A diferencia de la música que desde el principio de la pandemia logró colarse por los balcones, salas y patios en las vidas de la gente para llevarle consuelo, solaz y aliento.

Respuesta: Muchas gracias, Ruth, por el honor de invitarme a este diálogo abierto de este prestigioso diario. Para responderte te diría que el arte en todas sus manifestaciones siempre es importante, siempre es necesario a fin de buscar asideros al sentido de nuestras propias existencias.

Recuerdo haber leído unas palabras de Wilhelm Furtwängler, al ser interrogado por las fuerzas aliadas después de la caída de Alemania, sobre su filiación con el partido nazi y su trabajo en la dirección de la Filarmónica de Berlín durante ese oprobioso régimen, y él solo respondió: “El pueblo alemán durante esas aciagas horas de destrucción total de la vida y de la cultura necesitaba música, la gran música para elevar su espíritu para no terminar desmoronándose en las simas de la bestialidad…”.

Porque –y esto lo agrego yo– la belleza vista tal como la consideraban los griegos, es decir, como uno de los conceptos más altos de la verdad, es lo único que puede ayudarnos a soportar estas terribles colisiones con que nos sorprende el destino. Y no sólo es la música, sino la lectura de un buen libro, la contemplación de una obra plástica aún sea por internet o ver una película de mérito. Entiendo que eso nos puede sostener y darnos un alivio ante tanta adversidad, y hasta darles un sentido último a las cosas a muchas personas.

Creo que todavía es temprano para ver qué nos ofrecen las artes plásticas en torno a esta pandemia, porque sin duda sería frustratorio que lo que se manifieste como leitmotiv temático sean objetos como los que empiezan a circular a través de las redes, a saber, artilugios sosos con mascarillas puestas o jeringas de todos los colores y tamaños, o tal vez representaciones de personas encerradas en pisos o cualquier cosa sin sustancia, sin llegarse a una verdadera reflexión del individuo ante su propia vulnerabilidad existencial.

P: Al principio de la pandemia de 2020 se pensó que esa paralización del mundo, de la economía, de la producción, serviría para repensar y reconducir el sistema hacia uno más justo, amable y equitativo. El mundo se detuvo, la maquinaria dejó de funcionar temporalmente. Hubo un respiro. Pasó la hoja del calendario, llegó otro año, y siguen las olas de pandemia, rebrotes y nuevas cepas emergiendo. Entonces, ¿qué pasa ahora? ¿Hay un cambio en la persona humana?

R: Por ahí se dice que el hombre es el único animal que se da varias veces con la misma piedra, y me temo que ante esta catástrofe no solo de salud, sino económica, social, política y hasta espiritual, la humanidad no ha aprendido absolutamente nada. Muchos pensábamos, de manera ingenua, que algo en nuestro fuero interno iba a cambiar ante un imponderable tan grande y monstruoso como lo es esta enfermedad, una verdadera peste como las que asolaron al mundo en otras épocas carentes de los avances científicos con los que hoy contamos. Por tal motivo, se pensó que los pueblos y todas las naciones se iban a unir hombro con hombro a fin de colaborar para hallarle no solo una cura médica al covid-19, sino para que los organismos internacionales, como el FMI, el Banco Mundial y otros, congelaran y hasta condonaran las deudas contraídas desde hace decenios de las naciones más pobres.

Sin embargo, con estupor y vergüenza vemos que eso no se va a dar, no se van a congelar esas deudas sino todo lo contrario, se va a seguir prestando para halar la soga hasta estrangular a esos países para que nadie pueda salir del presente atolladero sin solución posible, a menos que esos organismos en contubernio con los buitres usureros de sus acreedores, lleguen a plantearles lo que se ve venir, el cambio de la deuda por territorio.

P: Precisamente la historia universal demuestra que básicamente somos los mismos seres humanos de siempre, en sus resortes, pasiones e intenciones. Por tanto, ¿cómo es que esta pandemia de solo meses, un año de incidencia lograría un cambio sustancial en el ser humano para hacerlo más paciente, compasivo y empático?

R: Qué pregunta tan interesante la que me haces y para la cual no tengo respuesta, porque tanto tú como yo y otros muchos pensábamos que, ante lo acaecido, a la mentalidad de todos le iba a cambiar el programa o el chip que llevamos entre las sienes, y las cosas iban a ser diferentes, es decir, destinadas a un mundo más paciente, compasivo y empático, pero por desgracia eso no se ha visto.

Más bien es todo lo contrario, hay una competencia sin mesura, loca, casi rayando la caricatura por ver quién o quiénes son los que van a llegar primero con la vacuna y van a triunfar sobre la pandemia en un afán geopolítico y geoestratégico de dominio mundial. Uno ve que el asunto de las vacunas, más que tratar de ser una solución, o en el peor de los casos un paliativo del problema de salud, es una evidente estrategia financiera para vender commodities en las bolsas de valores. Es más importante llegar a ese primer lugar a como dé lugar, denostando a los demás competidores, en vez de compartir esos conocimientos y estrategias, aunando esfuerzos científicos y tecnológicos para ayudar a la gente que se está enfermando o muriendo.

¿Sabes lo que pienso?, que algo grande, muy grande y bien feo le viene con fuerza a la humanidad para que aprenda una lección de humildad y deje su soberbia, porque si esto que ocurre lo extrapolamos a otros conceptos como el bíblico, lo que me llega a la cabeza es que vivimos un remedo gigantesco de la torre de Babel, en la que nadie entendía a nadie y, como ahora, sólo priman los intereses particulares y nada más.

“La música, la lectura de un buen libro, la contemplación de una obra plástica o ver una película de mérito, nos puede sostener ante tanta adversidad”

P: ¿Cómo ha pasado Vladimir el artista estos meses de confinamiento y distanciamiento, de noticias funestas y noticias falsas, fuegos devastadores, protestas antirracistas, de fallecimientos de seres queridos, expectativas, vacunas, cuidados y prevenciones?

R: No te niego que ha sido un poco difícil de sobrellevar sobre todo porque a mí me gusta mucho pasear, caminar al aire libre en la naturaleza, y lo hago no solo como ejercicio físico, sino como un modo de meditación (o pensamiento peripatético), ya que cuando lo hago me retrotraigo de todo y pienso en muchas cosas mientras disfruto del paisaje, en este caso de nuestro bello parque Mirador del Sur.

En esas caminatas, no son pocas las veces que me surgen las ideas para las imágenes que suelo dibujar o pintar, y las veo en todos sus detalles, siguiéndome durante días o semanas enteros hasta que las puedo materializar en un boceto o un cuadro terminado. Ahí esa criatura me deja tranquilo en tanto que otra se mete a hacer lo mismo como una tijereta.

Las caminatas las he tenido que limitar a la azotea del edificio en donde vivo y me he tenido que aclimatar a ese espacio, pero en lo fundamental, lo que ha hecho que este tiempo haya sido más llevadero y fructífero, es el estar rodeado de mi familia (mi esposa y mis dos hijas), sabiendo que están bien, que dentro de esas limitaciones que nos han impuesto las circunstancias, estamos seguros y protegidos. Eso es algo que por lo menos a mí me tranquiliza.

Como mi oficio es un trabajo muy solitario, eso no ha hecho mella en mi desempeño, más bien todo lo contrario, pues dentro de esas cosas que me ha impuesto el confinamiento he podido explorar otros derroteros que hacía tiempo acariciaba de corazón, como atreverme a escribir un libro de cuentos con temas, no te lo voy a negar, sórdidos y de realismo fantástico con un toque de humor negro, el cual está ahora en proceso de revisión y cuyas ilustraciones son realizadas por este servidor. A ver qué sale de ahí…

P: ¿Cómo comulgan su mundo interior pictórico, descrito como oscuro, plagado de monstruos, demonios, deformidades, bestias sin luz, escenas apocalípticas, infernales, y su postura militante y consciente, tan vertical, positiva y propositiva sobre problemas sociales, ambientales, éticos, culturales, sin faltar los políticos?

R: Pues conviven sin problemas y, muy por el contrario, se retroalimentan. Por formación familiar e íntimas convicciones espirituales y éticas, siempre he intentado ser una persona que comulga con los valores tradicionales de la familia, de la patria y de la libertad, de los derechos que tiene toda persona de vivir una vida digna y decente en su propio país. A la vez, tú sabes que en nosotros medran muchos reflejos no gratos del mundo del inconsciente, como lo es la dualidad planteada por Jung, es decir, sobre las fuerzas contrapuestas en un mismo individuo, de modo que la llamada “sombra”, ese receptáculo de fuerzas interiores, se complementa con nuestro ente consciente para poder existir e interactuar con los demás semejantes.

Como entidades sintientes, necesitamos de esa polaridad tal como todo el universo se estructura en medio de esas energías antagónicas, de lo contrario nada sería lo que es. La noche necesita del día al igual que la alegría de la tristeza, lo bello de lo feo, en fin, un juego de contrarios que son las fuerzas de las que tanto hablan los orientales: el denominado yin y yan del taoísmo o la danza de la destrucción y el renacimiento de Shiva en la tradición védica. Todos estamos conformados de eso, de un doctor Jekyll y un señor Hyde conviviendo en el fondo de nuestras psiquis, y con los cuales debemos tratar de congraciarnos a fin de ser entes conscientes y plenos en nuestras virtudes y limitaciones.

Esa sombra, así denominada por Jung, es el material del inconsciente del que se nutre fundamentalmente el artista: un cúmulo de contradicciones, anhelos, pulsiones y deseos insatisfechos que en manos del espíritu creador se convierte en el material para configurar su modo de expresión y que es, a mi modo de ver, uno de los grandes misterios de la creación artística. En el fondo, por mucho que uno indague, busque e intente encontrar algún razonamiento lógico de cómo se da el germen de cualquier obra de arte, no se puede (ni se debe) explicar ese mecanismo de la creación por muchos litros de tinta vertidos en especulación teórica.

No puede explicarse el eureka que dio a mitad de camino un colombiano para unas ansiadas vacaciones junto a su familia, devolviéndose de inmediato a la ciudad para trancarse durante largos meses y sacar de ese encierro una de las obras fundamentales de la literatura universal; o el crear una metafísica del arte en donde se explique que la labor del escultor es simplemente liberar a la figura que se halla atrapada en la piedra, o que con cuatro notas repetidas en un cierto sentido rítmico a modo de tema, se pueda realizar una de las obras cumbres de la música de todos los tiempos.

P: Ha dicho que una obra (suya) ha de golpear al espectador, debe moverlo y suscitarle la emoción, y que si una obra no logra eso “para mí tiene problemas”, “no funciona”, como lo expresó en el conversatorio Tardes de la Crítica, organizado el pasado 10 de diciembre por la Escuela de Crítica e Historia del Arte de la UASD. ¿Es una intención al momento de crear, un elemento al que pone atención en la fase de concepción y composición de sus cuadros?

R: Para mí las obras que más me han llegado al corazón, las que más me han movido o conmovido en todo mi fuero interno, son las que me han dado como un trancazo en la cara, una sacudida profunda de mi ser, diciéndome: “mira, aquí estoy, existo”, desde libros que me han dejado literalmente sin aliento como Crimen y castigo o La muerte de Iván Ilich, a conmoverme hasta las lágrimas al escuchar el adagietto de la Quinta sinfonía de Mahler o el ´¿Va, pensiero’ del Nabucco de Verdi; a quedarme con la piel de gallina, tembloroso, cuando pude ver La muerte de Ofelia de Sir John Everett Millais en el Tate gallery, los paisajes de Venecia de Canaletto, los autorretratos de Rembrandt o algunos de los grandes trípticos de Bacon.

O la primera vez, cuando entraba ya en la adolescencia y vi arrobado 2001: Una odisea del espacio de Stanley Kubrick, sensación que nunca ha menguado con el tiempo.

Estas son experiencias poderosas que lo marcan a uno de por vida y cuya explicación viene dada por la grandeza de los artistas que realizaron esas obras, aún cuando uno no las haya comprendido del todo en el momento en que las contempló por vez primera, necesitándose de más madurez y lecturas para poder penetrar en toda la riqueza y complejidad de sus significados más profundos. Pero entiendo que el talento del “verdadero” artista es tan grande y tan arrollador su fuego comunicativo, que llega sin más, desde el más avezado de los expertos hasta el más humilde de los mortales, para convertirse en parte del acervo cultural de los pueblos.

Para responderte a tu pregunta, te diría que sí, me esfuerzo mucho tratando de que lo que haga tenga un impacto, que mueva en el espectador una fibra íntima y, si ello llega a ocurrir, entonces me siento muy contento.

P: ¿Cómo es su proceso creativo y cómo ha evolucionado en el curso de los años? ¿Qué ha ganado y qué ha perdido con la irrupción del covid-19?

R: Es difícil decirlo porque uno trabaja y no se da cuenta de que efectivamente hay un avance ya sea en las destrezas técnicas o en las imágenes que uno explora, de eso nos percatamos al comparar la obra reciente con la de tiempo atrás. Y es entonces que uno mismo se sorprende, más en mi caso porque pinto y dibujo exclusivamente para mí; hago lo que me satisface sin estar obligado o sujeto a los lineamientos del mercado (inexistente aquí, por cierto) que me exija lo que debo o no debo hacer, sino metido en mi mundo el cual tiene su lógica y peculiaridades.

Mi proceso creativo ya lo expresé más o menos en una pregunta anterior, y en cuanto a la pandemia de si he ganado o perdido, bueno…, te diría que ahora estoy haciendo las ilustraciones para mi libro de cuentos y me las estoy gozando como cuando era un muchacho empeñado en ser artista.

P: Como artista, ¿cuál lección grande conserva como un mandamiento?

R: En mi libro Líneas alternas narro una experiencia que viví en Alemania cuando estuve en la embajada nuestra en la ciudad de Bonn, explicando mi deseo por conocer a un artista muy reputado de ese país de quien tenía algunas referencias por libros y revistas de entonces. Werner Tübke era su nombre y vivía en la ciudad de Liepzig.

Después de los saludos de rigor y por supuesto llevar conmigo a mi familia (éramos Verouschka, mi hija mayor que apenas tenía tres años, un amigo que me sirvió de intérprete y un servidor), entramos en una larga y fructífera conversación sobre arte por cerca de tres horas, de lo que estaba sucediendo en el panorama cultural en ese momento en su país y en el resto del mundo, y las cosas que él entendía yo debía tener muy en cuenta como principios básicos como artista…

Después de enseñarme en su enorme residencia su maravillosa colección particular y su bien equipado estudio lleno de todo tipo de colecciones de objetos que usaba como motivos para sus cuadros, me dijo algo que se me ha quedado como cincelado en mármol en mi memoria: “El único secreto de la obra de arte, mi estimado amigo, es el trabajo, el trabajo y más trabajo”, y agregó: “Nunca se lleve de las modas, todas pasan y la mayoría son olvidadas, en vez de eso siempre escuche a su voz interna, y si usted es sincero y honesto consigo mismo, ésta nunca lo defraudará”.

Creo que ese principio es el que rige para todos los grandes creadores universales, desde la antigüedad hasta el presente.

P: Ante la destrucción de los ecosistemas del planeta y de la naturaleza, siendo esta fuente, motivo y origen del arte, ¿a dónde acudirá el artista para abrevar y nutrirse de belleza?

R: Esa es una pregunta muy difícil porque no tenemos certeza de lo que va a suceder con nuestro mundo con toda esta destrucción constante del medio ambiente en donde los intereses económico-financieros son los que marcan la pauta de la degradación y la pobreza que se ve por todas partes. Quisiera ser optimista y pensar que la racionalidad humana nos llevará por un buen sendero de cooperación con el fin de la preservación de dichos recursos, pero viendo cómo están las cosas, cómo se depredan las selvas tropicales con los fines más ruines y mezquinos, lanzándose a los mares y ríos desechos tóxicos de las grandes fábricas a la vez que se utilizan países pivotes del tercer mundo para que sean éstos los receptores de materiales nocivos, como los radioactivos y los químicos de altísima contaminación, y de cómo la industria de los países más ricos del mundo aún no hace el cambio de los combustibles fósiles a los de energía renovable, cosa que eleva la temperatura de la atmósfera y es el causante del deshielo de los grandes glaciares y los casquetes polares.

A eso se le agrega la caza inmisericorde de especies en peligro de extinción, como muchos cetáceos eliminados por una industria que enarbola una absurda tradición cultural, a la vez que la pesca a gran escala y sin las medidas de seguridad pertinentes para proteger el lecho marino, ha acabado no solo con múltiples especies, sino también con los arrecifes de coral, los cuales, como se sabe, son receptáculos principales que sostienen toda la vida marina; eso unido a un amplísimo rosario de inconsecuencias que todos conocemos, nos lleva a preguntarnos: ¿y cómo será ese mundo que se pinta sin naturaleza ni belleza ni vida, un lugar yermo y desolado en donde jamás cabrá la esperanza? ¿O será quizás como en la cruda imagen abiótica pero llena de fuerza expresiva de una de las historias que filmó Akira Kurosawa en sus Sueños?

Tal vez esa sea la imagen que quede de la Tierra después del gran conflicto nuclear o bacteriológico o de lo que fuere que plantea el gran realizador japonés, en donde sólo crecerán plantas monstruosas mutadas por el efecto de la radiación dentro de enormes cráteres e insondables desiertos, en donde sólo medran demonios de uno o varios cuernos, cuernos dolientes que a una hora específica del día los revuelca el sufrimiento, expiando sus culpas mientras son atacados por sus congéneres para convertirlos en alimento.

“Por mucho que uno intente encontrar algún razonamiento lógico de cómo se da el germen de cualquier obra de arte, no se puede explicar ese mecanismo de la creación”

P: ¿Algún renacimiento a la vista? Ha señalado que nos encontramos en una etapa de decadencia, ruina, en el arte. ¿Apuntaría al surgimiento de otra cosa, de algo “nuevo”, sean medios, formas, lenguajes, materiales para hacer Arte?

R: Eso nadie lo sabe, pero en todo hay posibilidades, pues de los momentos más crudos en la historia el hombre, éste ha resurgido en su mejor forma debido a su fuerza interior, y eso está bastante bien documentado porque tenemos un enorme poder de resiliencia el cual se pone de manifiesto cuando no nos queda otro recurso o camino que el buscarle un sentido último a las cosas, tal como el doctor Viktor Frankl estudió en detalle en momentos de absoluta negrura de la civilización.

Solamente por señalar algunos ejemplos en ese tenor, veamos lo que sucedió en Italia tras la segunda guerra mundial, un país que quedó devastado, empobrecido y, sobre todo, humillado. De esa pobreza y miseria se levantaron numerosos artistas, en particular en el cine, en donde surgió un movimiento que le dio la vuelta al mundo: el neorrealismo italiano, con una pléyade de realizadores que se hicieron célebres como Roberto Rossellini, Vittorio de Sica, Luchino Visconti, Mauro Bolognini, Michelangelo Antonioni, Federico Fellini, etc., haciendo películas con apenas centavos pero llenas de humanidad y talento creativo, con historias callejeras salidas de la vida misma.

¿Qué pienso al respecto? Que sí, que hay una enorme crisis en el arte con muchos antivalores artificialmente enarbolados, pero también hay muchísimos talentos esperando su momento, sobre todo jóvenes que no se han comido los caramelos envenenados de las modas, del comercialismo más abyecto y de la vacua publicidad de estos tiempos que le han dado la razón a Warhol (sus 15 minutos de fama). Jóvenes que ya están mostrando sus grandes dones a través de las redes sociales, habiendo estudiado como en el pasado, a la vez que basan su conocimiento en el más profundo rigor de la academia y de los conceptos básicos del dibujo, como fundamento axial de la obra de arte.

Por ello es que hasta la llegada de la pandemia, de los depósitos de los principales museos se estaban desempolvando para exhibirlos a los grandes pintores y dibujantes figurativos hoy olvidados, con el beneplácito de un público harto ante tanto disparate como el que se suele presentar en esos recintos, y que debido a la filosofía imperante de descalificar como expresión demodé lo que ha sido una buena parte del siglo XX y lo que llevamos de éste, a quien tiene el dominio seguro de su oficio, además de genuinas intenciones creativas, se ha producido un tremendo choque frontal con lo promocionado hoy, debido al burdo insulto a la inteligencia y a la sensatez que solo aspira a la fama instantánea y al dinero fácil como única meta a seguir (sino, véase el bendito guineo pegado con cinta adhesiva en una pared valorado por cientos de miles de dólares).

P: ¿Qué podremos esperar de la próxima, aplazada, Bienal de Arte Contemporáneo?

R: Lo primero es que se celebre, pues ya son seis años desde la última edición inaugurada en el 2015. Lo segundo es la voluntad, mucha voluntad para que sea el evento cultural y artístico de referencia en el país. Ese acto de consciente volición es mucho más importante que los recursos económicos envueltos para cualquier tipo de parafernalia de orden propagandístico o de logística para ese evento, pues lo que hace falta es querer de veras que se realice la Bienal y que la misma aspire a lo que debe ser cualquier concurso artístico de envergadura: “un reconocimiento a la excelencia en donde lo mejor sea el ganador”.

Eso es lo fundamental, y en el que todas las manifestaciones de las artes visuales compitan sin estar los grupos de interés o clanes pulseando para que sus pupilos o las manifestaciones de su predilección (sobre todo las llamadas por la crítica mexicana Avelina Lesper arte VIP: Video, Instalación y Performance) tumben lo que han sido siempre los lenguajes tradicionales; con estos se llenan todos los museos con obras reales y tangibles, no perecederas. A diferencia de las que les cae comején, o de los artilugios que una vez que son desmontados de la Bienal no se pueden guardar debido a que ya están estropeados por ser manufacturados con cartón, papel o fierros viejos, siendo “cosas” imposibles de almacenar por tratarse de ser simple basura (piedras o arena de canteras, chancletas de gomas, alambres de púas o material reciclado), solo quedando para la posteridad, si el artilugio ha sido merecedor de algún galardón, de una simple foto o video para el archivo de la institución.

Aspiro a lo que reclamaba en torno a las bienales el buen amigo y eminente artista e intelectual Fernando Ureña Rib, desaparecido lamentablemente a destiempo, que en esos concursos nunca se eliminen las categorías ya que para él, como para quien suscribe, éstas no pueden competir unas con otras, es decir, no puede competir un dibujo con una instalación, ni una escultura con un performance, ni un video con una pintura, porque son lenguajes totalmente diferentes aún siendo visuales, tal como no compiten en el ámbito de la literatura un cuento con un poema, una novela con un ensayo o una obra de teatro con cualquiera de ellos; y lo mismo podría decirse con las artes escénicas, en fin, eso es un absurdo.

P: ¿En qué consiste su labor con la colección de obras pictóricas del Banco Central? ¿Es una colección que puede ser visitada? ¿Se mantiene en constante crecimiento? ¿Este año qué obras han sido adquiridas?

R: Todo el mundo sabe que laboro en el Banco Central desde hace 16 años en el Departamento Cultural que dirige el eminente escritor, crítico y sociólogo José Alcántara Almánzar, mi gran amigo, en donde funjo como asesor de artes plásticas y asistente técnico junto a la gran crítica de arte doña Marianne de Tolentino. Procuramos mantener, preservar a la vez que aumentar la valiosísima colección de obras de la entidad, una de las mejores y más completas de todo el país, y la cual es el producto de múltiples adquisiciones desde su fundación institucional en el año de 1947, hasta el presente.

Cuenta con piezas de no pocos de nuestros principales predecesores como lo son Abelardo Rodríguez Urdaneta, Arturo Grullón o Alfredo Senior, pasando por Celeste Woss y Gil, Jaime Colson, Yoryi Morel, Vela Zanetti, George Hausdorf, Manolo Pascual, Hernández Ortega, Clara Ledesma, Antonio Prats-Ventós, Ramón Oviedo, Guillo Pérez, Domingo Liz, Iván Tovar, Jorge Severino, Alberto Bass, entre otros.

A ellos se les han ido sumando artistas de las generaciones emergentes y tenemos un programa de adquisición que poco a poco se va renovando. Desgraciadamente la colección no está abierta al público por tratarse de obras ubicadas en su mayoría en los despachos de las autoridades del banco y en las salas de reuniones, pero se han realizado algunas exposiciones colectivas temáticas, sobre todo en el área del lobby del auditorio con mucho éxito. En cuanto a adquisiciones recientes, con este problema de la pandemia ha sido imposible aunque no se descarta seguirlo cuando las circunstancias cambien para mejor.

P: ¿Cómo está la salud del quehacer artístico y del mercado del arte en el país? Y no solo en el contexto de la pandemia ya que desde hace tiempo se podía percibir cierto decaimiento en las exposiciones que caracterizaron las últimas décadas del XX.

R: No es un secreto para nadie que el mercado del arte en nuestro país está colapsado, prácticamente no existe a menos que uno que otro marchand o galería puedan hacer una eventual venta o que los mismos artistas lo hagan de manera independiente a modo de trueque. Eso es una realidad que nadie puede soslayar y que sin duda la actual pandemia ha representado su tiro de gracia. Aunque también ha sido, como en otras muchas cosas, la que ha evidenciado un mal que viene arrastrándose desde hace muchos años hasta el presente, un presente negro para la mayoría de los artistas, tanto para los consagrados como para todos los emergentes, quienes ven muy incierto el panorama para sus vocaciones profesionales.

Este problema, como he dicho, tiene ya muchos años, y bien podría considerarse que cumple un poco más de tres lustros, coincidiendo con aquella mal recordada crisis bancaria y financiera que nos asoló en 2003 y puso patas arriba a la toda economía dominicana, lo cual trajo consigo los cimientos de una crisis de confianza muy grande que agarró por el cuello a todas las manifestaciones artísticas, y a las artes plásticas en particular; intento brevemente explicar el porqué.

Tuvo nuestro mercado un crecimiento sostenido hacia finales de los años setenta, toda la década de los ochenta (su mejor momento) y diría que hasta bien entrado los noventa con algunas muestras ya de cierto retraimiento o deterioro. Cambia el milenio y el gobierno de turno, y empieza a notarse ese proceso de cierta lentitud o rezago mercantil, pero estalla la crisis financiera y de allí hasta la fecha ha sido un constante descalabro.

Comienzan a cerrarse las galerías comerciales otrora muy exitosas, a caerse espacios emblemáticos como la Casa Rodrigo de Bastidas, empieza a haber un relevo generacional de esos grandes coleccionistas o mecenas del arte a sus descendientes, quienes no muestran el mismo interés (o quizás deba decir desinterés), y se abre un mercado subterráneo de falsificaciones de los nombres más importantes de nuestra plástica. A la vez que a través del compadrazgo y el amiguismo, se les vende por ingentes sumas de dinero centenares de yardas de pinturas de autores, la mayoría desconocidos como si fuesen grandes maestros a las principales filiales bancarias del país.

Cuando todo se cae, cuando todo se desmorona haciéndose polvo, al buscar liquidar todos esos activos para pagar a las víctimas de las quiebras y a los acreedores, no hay con qué hacerlo, porque no poco de lo adquirido, que se ha tenido por un bien preciado en esas instituciones, no valía nada, o al menos, era casi infinitamente inferior a lo pagado por esas entidades.

Esto lo digo con conocimiento de causa, porque cuando muchos de esos activos dizque artísticos fueron liquidados, este servidor junto a varios técnicos más hicimos el levantamiento de lugar, y nos dimos cuenta del timo que se había perpetrado con esos sobreprecios a tanta basura y, sobre todo, con las muchas falsificaciones que había en dichas colecciones. Eso coadyuvó, así lo entiendo, a que la banca comercial, que era de los principales compradores de arte del país, dejara de hacerlo para llenar los espacios de sus sucursales con grandes afiches promocionales de los productos que ellos venden. Guardaron en sus almacenes sus colecciones atesoradas por años para realizar subastas y salir de ellas al mejor postor (y eso con mis ojos lo he visto).

El otro factor que crea todo este descalabro es el poco o nulo apoyo institucional, tanto del sector público como del privado, por lo expuesto anteriormente, como también debido a un desconocimiento diría que supino de lo que son los resortes de la cultura y que viene dado por múltiples razones: falta de educación artística en las escuelas básica y media, nula promoción de nuestros grandes valores artísticos a través del servicio exterior, de todo lo que tiene que ver con el sector turístico, así como en los medios de comunicación, a la falta de una ley de mecenazgo (existe ahora, pero que se sepa aún no se ha implementado).

En fin, es evidente el enorme descuido, y si a ello le agregamos el desconcierto que hay en quienes desean comenzar a coleccionar ya sea para invertir o por el simple placer que produce el arte, encontrándose varados en el terreno pantanoso de los “valores” artificialmente apoyados, con obras de arte que pretenden serlo y no lo son, y que no pocas veces son reconocidas y premiadas en los principales eventos nacionales como en las bienales, en donde un trozo de desperdicio con un nombre raro o un garabato de “fulanito de tal” se les cotiza a precios astronómicos, poniendo en ascuas al posible comprador o coleccionista en ciernes que no tiene muy claro si invertir o no en una tontería que puede dejarle un verdadero agujero negro cósmico en su bolsillo.

En conclusión, la caída del mercado del arte dominicano es un fenómeno muy complejo de muchas aristas, que van desde el evidente problema económico hasta una falta total de credibilidad creada por algunos enganchados a mercaderes. Y se le podría agregar hasta de una nueva clase económica: la de los políticos (que en cada cuatrienio hacen zafra) que compran compulsivamente basura para ponerse a tono con su nuevo estatus económico (el plagio de un famoso artista criollo dado como regalo a un primer ministro es una muestra evidente). Todo lo cual ha llevado a que la gente lo piense dos veces antes de invertir en una pieza artística, y como lo primero es comer, pues en eso nos seguiremos debatiendo hasta que se pueda hacer algo con el covid-19.

P: ¿Cuáles son sus grandes lecciones aprendidas en 2020 que se trae consigo al nuevo año 2021?

R: En cuanto a mí, yo tengo muy bien aprendido mi rol, es decir, soy una persona con una familia que debe echar para adelante y que tiene metas de seguir superándose en lo que hace, a la vez de tratar de colaborar en lo que pueda para que nuestro entorno inmediato, a la vez que el país completo sea un lugar mejor para convivir en paz como mejores ciudadanos.

En cuanto a los demás, a la gente que no quiere hacer lo que debe, que piensa que la pandemia es un simple relajo o cosas por el estilo, bueno…, lo estamos viendo en el mundo entero ahora con un terrible rebrote en donde se violan todas las órdenes y normativas de las autoridades competentes para los confinamientos y con visos, desgraciadamente, de seguir aumentando los contagios, lo que podría traer aún más calamidades de las que hay.

P: De los connotados y prestantes dominicanos de distintas esferas del quehacer público que fallecieron este año, y no solo por el covid, ¿cuál le chocó más, cuál lamentó más?

R: Todas son personas importantes de quienes he lamentado con sinceridad sus decesos, es más, toda persona que falleció por esta terrible enfermedad tiene la misma dignidad que cualquier otra, pero ciñéndome a tu pregunta, te diría que hay dos que verdaderamente me sorprendieron, me cogieron fuera de base, tales como la del gran escritor y gestor cultural René Rodríguez Soriano, y la del conocidísimo cantautor Víctor Víctor, porque aún sin conocerlos en la intimidad, uno siempre seguía sus excelentes trabajos creativos, uno en la literatura y el otro en la música; eran como personas muy cercanas y queridas para todo el mundo.

P: Ha sido un observador y un pensador de múltiples intereses en el sentido de observar, analizar y emitir su juicio sobre “cuanta cosa suscite mi interés…”. Al pasar los años, ¿conserva la mirada sobresaltada, ese espíritu escudriñador?

R: Siempre, Ruth, siempre, y si bien es verdad que las energías van mermando con el paso de los años, porque no somos los muchachos de hace tres o cuatro décadas atrás, creo que siempre me mueve un impulso de no quedarme donde estoy, de siempre dar algo extra, de conmoverme de muchas cosas que suceden en mi entorno y en el mundo. De pensar que la vida de las personas debe mejorar y que necesitamos una sociedad mejor que ésta de competencia bárbara, en la cual solo se busca desangrar al prójimo para simplemente seguir siendo entes consumidores de cosas en su mayor parte innecesarias, entendiendo que nadie debe conformarse ante el sistema imperante. En ese aspecto creo sentirme igual que cuando era un hombre que podía correr varios kilómetros diarios.

El día que ese fuego vaya mermando, de que todo me parezca igual y nada sea especial, entonces me daré cuenta de que estaré a un paso de irme de esta dimensión material.

“Me temo que ante esta catástrofe no solo de salud, sino económica, social, política y hasta espiritual, la humanidad no ha aprendido absolutamente nada”

P: Soy testigo de la bonita relación de pareja, compenetrada y bien avenida, que lleva con otra artista desde hace muchos años. ¿Nos comparte la fórmula?

R: Creo que todo se traduce en una palabra mágica que parece ser ajena al vocabulario corriente de estos tiempos: el amor, pues de ese sentimiento que día a día se cultiva vienen todos los demás como lo son la compenetración, el cariño, el respeto mutuo, la admiración, la complicidad, en fin, tantas cosas.

Muchos amigos me dicen que me saqué la lotería con Verouschka y creo sinceramente que es verdad; no sólo es una mujer muy bella, por fuera y por dentro, que siempre me ha hechizado destilando su exquisita feminidad, sino que reúne un sinnúmero de cualidades y sensibilidad no solo como esposa, sino como madre e hija, dándole yo siempre las gracias a Dios por habernos acercado.

Además, lo confieso, soy el primer fan de su extraordinario trabajo artístico, de sus libros, de su enorme laboriosidad, su viva inteligencia, buen gusto y sentido del humor. Siempre, desde que la conocí, he tenido la plena convicción que hemos nacido el uno para el otro.

P: Díganos los libros y películas que le quedan de 2020.

R: He leído algunos libros que me han recomendado como los del historiador israelí Yuval Noah Harari: Homo Deus, Sapiens y 21 lecciones para el siglo XXI, todos ellos interesantísimos y sobre todo muy bien escritos, con una visión distópica de la sociedad y de la tecnocracia que lo maneja todo, controlándonos como meros robots hasta en los deseos más íntimos que tenemos; dejan al lector con un sabor extraño debido al desconcierto de vivir en un mundo que ya no es el suyo.

Los otros libros que estoy leyendo es la trilogía de Ramiro Pinilla: Verdes valles, colinas rojas, una monumental novela con cerca de tres mil páginas que me envió de regalo mi querido primo Bruno Cuello el año antepasado y la cual espero terminar en algún momento. A la vez he realizado algunas relecturas de autores que me entusiasman mucho, tales como Cortázar, García Márquez, Poe, Lovecraft, Alcántara Almánzar, entre otros, para conocer un poquito más la mecánica del cuento, pues eso es lo que estoy intentando hacer.

En cuanto a películas, de las estrenadas el año pasado me encantó la surcoreana Parásitos, una verdadera maravilla en todos los aspectos, pero lo que más me fascinó fue su estructura narrativa, el extraordinario guión tan bien hilvanado que lo lleva a uno de una sorpresa a otra hasta el desenlace que es un verdadero nocaut; realmente me encantó.

Y en cuanto a otras películas, me he quedado con mi videoteca personal y lo que he hecho es revisar todo lo que me gusta de los grandes directores de todos los tiempos, principalmente Akira Kurosawa con algunas de las películas que tengo de él, como Trono de sangre, Rashomon, Los siete samuráis, Kagemusha (La sombra del guerrero), Los sueños, entre otras; a la vez he revisado algunas maravillas de Polanski y una que otra de Kubrick que veo cada cierto tiempo.

P: Un modelo económico solidario, inclusivo, sostenible, atendiendo el interés colectivo, el emprendimiento social, ¿es la apuesta al futuro, la necesidad del futuro?

R: Es la única salida que tenemos, de lo contrario, con este capitalismo neoliberal y salvaje que se lo quiere tragar todo, lo que nos queda es el desmonte poblacional enarbolado por los poderosos que tiran de los hilos del mundo: el darwinismo social y las políticas neo malthusianas.

P: Dijo en una entrevista en 2020 Muhammad Yunus, premio Nobel de la Paz 2006, el inventor del “banco de los pobres” en Bangladesh, “pensar de manera distinta es más fácil cuando uno es joven”. ¿Podrán los jóvenes pasar a la acción y hacer realidad un mundo viable, digno para la mayoría de habitantes del mundo?

R: El mundo siempre ha sido de los jóvenes, son los que gestan las grandes revoluciones y movimientos, los que protestan, los que están inconformes con el statu quo de las cosas, además, como se dice: “Juventud divino tesoro”. Son quienes tienen la energía para emprender los cambios que amerita la humanidad para hacerla mejor.

Entiendo que si un joven ha tenido una familia como las que hay que tener, es decir, unida, solidaria y feliz, con figuras parentales sólidas y sin las escabrosidades que hoy se quieren inocular en la sociedad, ese joven tiene una buena zapata, un cimiento sólido que lo va a ayudar en la vida. Si junto a eso se le suma una conciencia humana y social con deseos de hacer de su entorno un lugar un poco mejor de lo que lo encontró, entiendo que tendrá éxito, que no se torcerá como otros que no tienen ese germen primario.

Conozco a muchos jóvenes con enorme fuerza de voluntad, con sus miras bien puestas en un futuro venturoso y una necesidad de dejar un sendero tan bien trazado que me sorprenden, y los veo tanto en la oficina en donde laboro, en los amistades de mis hijas, y en tanta juventud talentosa que se da a conocer a través de las redes sociales en cualquier disciplina del saber, tratando de brindar lo mejor de sus dones para hacer una sociedad mejor, porque si bien es cierto que los malos suenan más, si no fuera por las cantidades ingentes de personas buenas que hay, el planeta sería invivible.

P: Dijo el filósofo español Fernando Savater en mayo pasado que “la solidaridad viene de la razón, no viene de un corazón blando y expansivo que quiera juntarse con los demás, es que no tiene más remedio, ser solidario es ser racional. (…) Nos ayudamos unos a otros no por bondad, sino por necesidad”. ¿Está de acuerdo?

R: Me encanta Fernando Savater, no sólo es un pensador lúcido sino que escribe con una claridad meridiana, algo muy difícil de encontrar en los filósofos porque no pocos tienden a ser bastante oscuros e incomprensibles. Pero así como lo admiro y lo leo con cierta frecuencia, no estoy de acuerdo con esa opinión, y no puedo compartirla porque entiendo que la solidaridad parte de un estado mental o espiritual, o como se le quiera llamar, que es la compasión, algo que tiene que ver más por el respeto ante la dignidad de todo ser viviente y sintiente de esta dimensión material y que puede ayudarnos a todos a ser mejores.

Si es una elección debido a un asunto de simple raciocinio y, por tanto, de conveniencias, caemos en el mismo círculo de los intereses (y sí, ya sé lo que me van a criticar algunos de los admiradores de este pensador). Creo que para romper con ese círculo vicioso del interés y del ego, en la compasión no interviene la conveniencia sino el respeto al prójimo, y por tanto se produce la solidaridad con el fin de vivir en un mundo de mutuo entendimiento.

P: Cito y parafraseo, a la espera de su reacción, una frase atribuida al gobernante y militar mexicano Porfirio Díaz, en su caso refiriéndose a México y a Estados Unidos: “Pobre República Dominicana, tan lejos de Dios y tan cerca de Haití”. Ahora más “cerca” en un momento de mayor crisis, escasez y precariedad por los efectos del covid-19 sobre la economía y los puestos de trabajo.

R: Todos sabemos que nuestros pobres hermanos haitianos han tenido una historia muy trágica y azarosa, con unos albores como nación independiente que representó uno de los grandes hitos en la historia de la humanidad: la primera nación de esclavos negros en independizarse en el mundo, una proeza tan grande o quizás más que la gran rebelión de Espartaco que puso en ascuas a toda la República romana durante varios años en el 70 a.C.

Pero desgraciadamente su historia empezó a dar tumbos desde su misma fundación y en vez de acoplarse a los principios filosóficos y políticos de la Revolución Francesa, hicieron todo lo contrario, remedaron los aspectos más siniestros y caricaturescos al que habían enfrentado, y fundaron en vez de una república con todas las de la ley, un imperio, comandado a sangre y fuego… …de allí hasta el presente, con ese constante fluir de problemas gravísimos, con todo y la independencia nuestra de por medio después de 22 años de indigna y salvaje férula opresiva, hasta el momento actual, cuando ya no nos invaden con cañones ni mosquetes, sino con gente hambreada y con decenas de miles de parturientas para quedarse con la excusa de supuestos derechos civiles en nuestro lar, como si fuesen dominicanos.

Mientras, los responsables históricos de la tragedia haitiana, que todos sabemos quiénes son, para no echarse arriba un problema insoluble, léase bien: INSOLUBLE, porque como algunos expertos de ese tema han señalado: “Haití es un país que nació sin estado”, buscan la salida más fácil y cómoda para ellos usando como pivote a nuestro país, en contubernio con los traidores de siempre. Mientras nos acusan de racistas y xenófobos por solo querer guardar legalmente nuestras fronteras e integridad territorial, como tienen derecho todos los países de la Tierra.

¿Qué pienso yo?, que como ciudadano de un país al que le ha costado tanta sangre, tanta humillación y sufrimiento su libertad y gentilicio aunque seamos imperfectos, debemos hacerles ver tanto a ellos, a nuestros vecinos que viven quemando nuestra bandera y nos despotrican en los foros internacionales, como también a las autoridades de turno que nos gobiernan además de las extranjeras, que nosotros no podemos cargar con un país cuya tragedia para nada es nuestra responsabilidad, ya bastante problemas tenemos aquí con nuestras cosas. Siendo un país al que nosotros siempre, repito, siempre, hemos sido los primeros y los más solidarios en ayudarlos y socorrerlos (ver cómo nos volcamos como nadie en ayudas a causa del terremoto de 2010).

La solución para ese país, entiendo, es que la comunidad internacional pueda conformar junto con la Organización de Naciones Unidas u otras instituciones afines, un fideicomiso para gobernarlo durante el tiempo que sea necesario y así sacarlo del atolladero histórico en el cual está sumergido, pero nunca, que lo sepan bien a quienes les hierve la cabeza con esas ideas vende patria, nunca a costa de nosotros, el pueblo dominicano.

[ad_2]

Fuente de la noticia original

Affiliates