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Actor Juan Pablo Raba, un criminal invisible en la frontera de “Coyote”

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Un villano temible pero discreto; despiadado pero refinado. Así describe Juan Pablo Raba a su siniestro personaje de “Coyote”, una serie sobre la frontera entre Estados Unidos y México que, según dijo el actor colombiano a Efe, ejemplifica que “los criminales más peligrosos” son los que no se dejan ver.

Raba es un experto en desvelar el lado oscuro del mundo gracias a roles como el de Gustavo Gaviria en “Narcos” (2015-2017).

Ahora se ve las caras con Michael Chiklis (“The Shield”, 2002-2008) en “Coyote”, serie que desembarcó la semana pasada en la plataforma CBS All Access con Michelle MacLaren, que fue productora de “Breaking Bad” (2008-2013), en la sala de máquinas.

“Coyote” se centra en Ben (Chiklis), un veterano agente de la Patrulla Fronteriza de EE.UU. que se ve envuelto en una trama mortal por ayudar en México a una mujer en peligro.

Raba da vida a un criminal llamado Juan Diego que será el gran enemigo de Ben pese a que, según el latino, pronto ambos descubren que “no son tan distintos el uno del otro”.

P: Juan Diego es un criminal sanguinario, pero también sofisticado, inteligente, metódico.

R: Me atrae la idea de que realmente nos apartamos de un estereotipo: ese villano que lo es frente a todos y para todos, ese villano que se comporta como tal en toda su vida con su esposa, con sus hijos, hacia sus enemigos…

Mi percepción de Juan Diego es que es más un hombre de negocios. Su negocio no es necesariamente legal, sin duda. Pero no es la persona que directamente va a ir y te va a pegar un tiro.

Ha organizado muy bien su vida para que eso no se vea. Me llama la atención que los criminales más peligrosos en este mundo son así. Y los vemos en la televisión, en los mítines, espléndidos con sus familias…

Después, si uno averigua un poquito, o cuando hay un escándalo (…), lo que hay por debajo está podrido. Eso me llama la atención de Juan Diego: cómo haces un tipo que realmente sabes que es peligroso pero que no actúa como tal.

P: Los latinos critican en EE.UU. que se les den a menudo papeles de narcotraficantes, prostitutas, etc. ¿Le preocupa que le encasillen en ese tipo de personajes de criminales?

R: Rechazo muchos (sonríe). Rechazo los que están mal escritos.

Yo no tengo problema en interpretar a villanos porque en el mundo hay villanos. No es que sea una fantasía que nos estamos inventando. En el mundo hay carteles de la droga, hay personas que trafican con seres humanos…

Mi trabajo como artista es no juzgar a mi personaje. Eso no quiere decir que esté de acuerdo con él, por supuesto que no.

Pero para poder contar una historia es importante que también podamos contar estos personajes, que podamos mostrarlos en todas sus facetas (…). En la medida en que todos pongamos nuestro grano de arena y hagamos personajes reales, finalmente lo que terminamos favoreciendo es a la historia.

UN WÉSTERN NO POLÍTICO

P: ¿Cómo fue medirse en un duelo casi de wéstern ante un actor como Michael Chiklis?

R: Chiklis es una fuerza de la naturaleza. Además de que le metió a este proyecto su cuerpo, su alma y dos o tres años de su vida, es todo lo que uno espera o quisiera que una estrella fuera.

Es un tipo dedicado, serio, talentoso, trabajador, amable, cariñoso. Y también es un tipo recio cuando lo tiene que ser.

Lo que más me gusta de él es que en ningún momento toma esta figura como del colonizador: “Yo soy el gringo de Hollywood que viene acá a enseñarles como se hace esto”.

Todo lo contrario. Llega abierto de manos y de mente para aprender. Quiere aprender español, quiere comer lo que se come en México, quiere compartir tiempo con ellos. Es realmente un artista y está dispuesto a empaparse de todo lo que ve permanentemente.

P: La frontera es un personaje más de “Coyote” y también ha sido un punto central de la política estadounidense en los últimos años. ¿Cómo evita esta serie los clichés sobre la frontera que han lanzado el presidente Donald Trump y los republicanos?

R: En primer lugar, en ningún momento “Coyote” pretende ser una serie política. Estamos contando una historia que por supuesto hay gente que lo va a llevar al plano político, más en el momento que estamos viviendo.

¿Por qué me parece importante? Siento que a veces la televisión, el cine y los libros tienen un efecto lupa: logran que grandes temas, grandes paradigmas de la sociedad, grandes dogmas, puedan ser contados a través de una sola persona.

Cuando concentramos algo tan grande y tan complejo como el problema de la inmigración, de la frontera, de las jaulas, en uno o dos personajes es un poco más fácil de entender. Porque es más fácil ponerse en esos zapatos. Por eso me parece que es tan importante contarlo, así haya ‘backlash’ (rechazo), personas que no estén de acuerdo, que lo critiquen…

Es un problema que viene de mucho tiempo sucediendo y que claramente no se va a terminar con esta nueva Administración. Esto es un problema en curso, algo que realmente va a llevar mucho tiempo, mucho entendimiento y acuerdos para que pueda llegar a un lugar humano.

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